Llega diciembre con el frío, el olor a pólvora y la panela de los dulces cocinados en una olla vieja, torcida pero leal. Parece que los últimos tres meses se convirtieron en la semana más larga del año y nos arrastramos como niños ebrios de cansancio para dormir bajo las lucecitas del árbol de navidad. ¿Qué tema es adecuado para una columna sobre cine en esta época? ¿Top 10 películas navideñas que no conocías? ¿El cine navideño: más allá de la nieve? ¿El Tamalón Navideño, un nuevo clásico guatemalteco? Este último casi gana porque ¿Por qué ver “Mi Pobre Angelito» por milésima vez si tenemos una trilogía con sabor chapín? pero he preferido usar el tiempo que nos regala su amable lectura para recordarme a mí misma que soy un ser humano que de vez en cuando necesita trascender la ficción de su oficio para ser vulnerable y pedirle un favor a quienes se sientan frente a una pantalla en busca de una emoción más allá de su realidad.
Lo que les pido es un deseo, un deseo en nombre del cine, en nombre de los que despertamos y seguimos soñando con convertir este nudo en la garganta en una película. Les pido que nos regalen tan solo una uva y pidan un deseo que vuelva a encender nuestras cámaras, que cuando repique la última campanada se llenen de entusiasmo por nuestras historias y reviva la pasión que ha hecho del set nuestro pesebre.
Busquen en su memoria esa escena que les rompió el corazón y de esa grieta hagan nacer un nuevo sentimiento. Regalennos una chispa de esperanza y pidan un deseo para que sigamos imaginando, escribiendo, filmando, creando…
Llevamos un año esperando por una promesa del Ministerio de Cultura para poder dar vida a un guion. Es una cosa pequeñita, una hoja que se cae del árbol, pero para nosotros, las hormigas del cine, es una oportunidad de transformar esa hojita en fe para toda la comunidad.
Tenemos la fuerza y no bajamos los brazos, sin embargo estamos cansados de que se poden las ramas y no llegue ni una gotita de savia al hormiguero.
Cada cineasta sigue su propia estrella, pero nos une el poder del deseo, el deseo de trascender sus pantallas y arrancarle al tiempo un suspiro.
Mientras el público siga soñando con una película, la llama del cine seguirá brillando aunque el árbol tenga que arder.
Autor: Tané Kashanari